Henry V (Shakespeare)
Ya como es costumbre que en Colombia ignoremos o simplemente violemos los reglamentos establecidos para el control y respeto del prójimo, no es raro que hasta por medio de la televisión se infrinjan el respeto que el televidente se merece.
Con mucha inquietud vemos que dentro de la parrilla de programación diaria encontremos programas, muchos de delicado calibre, imágenes e información que brilla por su falta de profesionalismo, y falta de integridad de las personas encargada de la grabación, producción y emisión de cada uno de ellos. Hablamos no solamente de las series y novelas que desde hace un año para acá nos acostumbramos a ver tetas, drogas, armas, narcotráfico y vida fácil, hablamos de los informativos. De el rol del periodista, de la tergiversación de la información, de la parcialidad de lo que se informa, de cada una de los “errores en buena fe” o “mea culpa” programadas en beneficio de ciertos sectores, ya sean políticos, económicos o sociales.
Es por eso que el 5 de diciembre de 2008, y bajo el poder el primer mandatario Álvaro Uribe Vélez, se adoptó la resolución del código de ética de la comisión nacional de televisión, atendiendo al programa presidencial contra la corrupción. Muy bien. Ya se obtuvo unos ciertos principios, valores, derechos y deberes para la buena televisión en Colombia. La pregunta es ¿Esto se cumple? ¿Qué tan cierto es esto? Como dice el conocido adagio popular “de eso tan bueno no dan tanto” es por eso que vemos la televisión que vemos.
Desafortunadamente en el país del corazón, como vivimos de refranes, del dicho al hecho hay mucho trecho y lamentablemente la normatividad del código de ética en la televisión sencillamente no se cumple. ¿Por qué? Solo hay que dar un vistazo un par de horas a la franja nacional, sobre todo a la llamada prime time.
Empecemos por el noticiero. La polaridad y la parcialidad de unos se hacen demasiado evidente, ya sea para favorecer ciertos sectores económicos o políticos, donde los presentadores alaban y agradecen con pleitesía la “maravillosa labor” del mandatario en curso y su comitiva, donde exoneran de toda culpa ex ministros y familiares, donde nombran una y otra vez sus contadas apariciones en diferentes lugares del país donde saludando y besando a la gente se cree que solucionará al país, hasta ahí se rompe la estructura de informar y caen en el circulo vicioso de opinar y dar su punto de vista dentro de un espacio especificado a ser informativo.
Obviamente todo es organizado a favorecer ciertos sectores. Obviamente todos saben que un medio de comunicación puede tumbar a una persona a lo más bajo y subir a otra a la cúspide de la fama, solo con unas imágenes, claro, manejadas a beneficio propio.
En esta parte solo vemos la violación de 2 principios del código de ética, Imparcialidad de informaciones y separación entre opinión e información, algo sumamente importante para la creación de capacidad crítica, mucho más en un país acostumbrado a comer entero y creer todo lo que le dice la televisión.
A esto, no se le puede juzgar, porque el mismo presidente orientó el código de ética, y él es el más favorecido en cuanto la parcialidad de la emisión.
Pero, sabemos que en este país la política no mueve las masas. La mueve es la imagen, esa actitud de vida fácil, dinero rápido y sin esfuerzo y todas esas promesas de un futuro promisorio a base de nada. Y moverá muchas más masas cuando se refleja nuestra propia vida en la caja de televisión. Lo peor de todo es que nos entretiene y nos hace reír nuestra propia realidad. Aquí es donde se cuestiona, si es más preocupante nuestra realidad o nuestra actitud de chabacanería ante ella.
Nos gusta que nos muestre tetas, traseros y armas en la televisión, nos gusta que nos insulten y que entre más utilicé un lenguaje soez va a llamar mucho más nuestra atención. Mucho más en el público infantil, que con gran facilidad y manejo ha logrado adaptarlo a su uso cotidiano haciéndolo “normal” oírlo en las calles.
Para todos ya es normal oír comentarios de la novela de moda, de la serie que se había acabado pero regresó y de la nueva que vendrá, de la cual todos hablan y que todos esperan, todas sobre la misma temática: Narcotráfico, violencia, cirugías plásticas, armas y violación de los derechos humanos. Todo frente a nuestra humana realidad, la cual el morbo se encarga de querer estar pendiente de los sucesos, porque nos identificamos con cada una de estas problemáticas. En vez de saberlo digerir y cambiar nuestra mentalidad y concepción de hacer las cosas lo vemos como medio de entretenimiento y de burla, no para crear actitud de cambio.
Es nuestro principal problema no saber recordar, no saber nuestra historia, solo extrañar lo que nos conviene y en solo en fechas especiales, donde la misma televisión nos remueve las entrañas con imágenes y sonidos tristes de melancolía. De resto, son unos muertos más, unas cifra más, una fecha más, no nos interesa no nos importa.
Hasta aquí, en suposición ya ha sido vulnerado otro principio del código de ética “4.3 Protección de la juventud, la infancia y la familia”1, y digo en suposición porque, si nosotros mismos no nos protegemos, porque debemos juzgar y pelear frente a una comisión que tampoco hace nada por nosotros.
Deplorable el estado material que recibimos por televisión y deplorable mentalidad la nuestra que con un poco de acción y semidesnudos han logrado seducir a la audiencia colombiana, poniéndolos en los más altos puntos de rating, dejando atrás los programas culturales y con la menor audiencia el defensor del televidente, que por petición de algunos conservadores y cuidadores de la moral en el país fue cambiado de horario, y ahora no está refundido en las horas de la madrugada.
Es un error de trasmisión y de recepción. Ningún canal de televisión invertiría dinero en un seriado y mucho menos en alta definición si no hubiera público dispuesto a recibir este material bélico y extremamente superficial, donde solo se quiere vender una mala imagen de nosotros mismos. Para eso hay un vendedor y un comprador, el cual somos nosotros.
Para la comisión nacional de televisión, “la ética es el conjunto de normas morales que han de regir el comportamiento humano”2, y nos regimos por eso, vemos lo que somos, y nos gusta. Nos gusta ver como una muchacha con peluqueado y léxico de hombre con fusil en mano dispara a diestra acabando con policías, nos emociona ver cómo le ponen una bomba a el congreso de la república, y seguimos noche tras noche como persiguen a el mayor narcotraficante del país.
Claro, hasta que no toque nuestras propias fibras no nos daremos cuenta de lo delicado e importante que es el cuidado de la ética y la moral en la televisión, del respeto del uno por el otro, del cuidado de la construcción de país por medio de la televisión, aunque lo subestimemos, es uno de los medios más influyentes en la concepción de la realidad de quienes lo habitamos.
Mientras sigamos pensando que es común que amenacen a nuestros periodistas y cronistas por pensar diferente, todo seguirá estando mal, si nos acostumbramos a ver exiliados a un sin número de compatriotas que dijeron las cosas como eran, que respetando la dignidad y los valores del pueblo, por culpa de unos poco tenga que callarse sus voces, todo seguirá estando mal.
El error parte de allí, de saber quiénes somos y que queremos, de ahí en adelante eso es lo que seremos. Igual, todo seguirá siendo lo mismo si no nos cuestionamos que vemos y que tan cierto es lo que nos muestra nuestra tele.
Bibliografía
1 – Resolución Nº 1519 de 2008, Código ética comisión nacional de televisión, CNTV, página 3
2 - Resolución Nº 1519 de 2008, Código ética comisión nacional de televisión, CNTV, página 2
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