
Cuando estás intranquilo todo lo
sientes más rápido pero el tiempo va más lento. Cierras los ojos y todo es
corrugado, oscuro, acelerado, confuso.
La intranquilidad se mueve en
nuestro hemisferio más sensible, nuestro corazón se acelera y las manos sudan.
No puedes conectar o coordinar más de 4 palabras, siempre estás disperso, algo
muy parecido al insomnio, nunca estás totalmente despierto o totalmente
dormido.
Cuando estás intranquilo todo es
como un sueño, sueñas que ya ha pasado mucho tiempo pero solo ha pasado una
fracción de segundos.
Cuando la intranquilidad te
corroe, no respiras a voluntad, lo haces por simple inercia y tu cabeza da
miles de vueltas en el mismo lugar.
Recuerdos, momentos, sucesos que
marcaron instantes precisos, instalados en la memoria que se repetirán una y
otra vez mientras tu cabeza intentará callar a tu corazón (o viceversa) y ambas
lleguen a un consenso.
La intranquilidad es el peor mal.
Ni estás bien ni estás mal. Simplemente no estás.
